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Pigmalión & Galatea

"Menudo título de sítcom que te ha quedado"
No hay historias de fantasía de mejor calidad que todo el conjunto de relatos mitológicos. El género fantástico tiene la habilidad de mostrarte como de equivocado estás en la vida real. Si, en serio, si sucede en una aventura fantástica, probablemente no se corresponda con la vida real (perdón, hay cosas que debo explicar para tantos tontos, es estadística, nunca desprecio)
Pigmalión (se viene resumen), era un rey de Chipre que a grosso modo se enamoró de una estatua que el mismo había hecho. Cabe destacar que el buen rey quería una mujer pero (acordaros del poder del pero), no estaba dispuesto a estar con una persona cualquiera: buscaba la mujer perfecta para casarse. Lógicamente, poniendo "la perfección" como termino objetivo e inalcanzable, este señor comenzaba con mal pie en una posible relación y se dio a hacer estatuas abandonando la primeriza idea de pasar por el altar. Parece ser que después de un tiempo dándole al mármol consiguió recrear una estatua que, para él, tenia las medidas perfectas, y, en lo que sería un delirio al más puro estilo alucinógeno, se enamoró de ella.
Efectivamente, su nombre no era otro que el de Galatea.
Después de unas cuantas peticiones a Venus y una aparición "phoebeiana" de Afrodita, la estatua adquiere vida y el don de la fertilidad. Finalmente acaban teniendo un hijo y, después, hay versiones macabras sobre el coito de estos dos, y una jugarreta de Afrodita reconvirtiendo a ella en piedra.
El primer párrafo es ofensivo, lo reconozco sin problema, pero nunca te das cuenta de lo zoquete que eres hasta que alguien te lo empotra en la cara. Ese es el significado de la verdadera sinceridad, dolorosa pero noble.
Lógicamente todo esto tiene un significado: el maldito amor idílico. Una mezcla entre el modelo paternalista, la televisión, la expectativas que nosotros mismos nos generemos por la influencia de la sociedad y mi favorita, la profecía autocumplida.
Esto quiere decir que tendemos a idealizar a una persona, en primera instancia, haciendo que se convierta en aquello que realmente queremos que sea; un modelo a seguir generado por nuestro subconsciente, y, que en teoría nos haga felices.
Supongo que si el resto del mundo quiere eso no nos queda más que hacer un pedido cerca de la Toscana, en Carrara e ir sacando con buena praxis el cincel.
Suerte, el amor idílico no existe. Sin embargo, el atemporal puede que si

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