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Poner nuestros propios límites.

Demonios internos, ese es su nombre literario. Ese es el eufemismo. Sin embargo es un buen símil para denominar ese sentimiento de que otro ser controla nuestra conciencia. Cuando actuamos en contra de nuestra voluntad, cuando hacemos, decimos o pensamos cosas horribles, cosas que sólo nos hacen sufrir y que consideramos que no nos definen para nada... Y no obstante nos controlan... Sin poder evitarlo... Es una lucha continua en la que uno mismo es el soldado y la guerra. El ganador y el perdedor. Y pese a todo, esa oscuridad es fruto de nuestras vivencias, es una oscuridad que nos consume, que nos quita el aliento poco a poco... y que además, nos hace creer que no podemos con nuestra propia vida... Lo paradójico es que, cuando peor nos sentimos, cuando ya no tenemos nada que perder, nos damos cuenta. ¡No merece la pena seguir combatiendo con nosotros mismos!. Por eso, cuando te sientas así, como yo lo he hecho, enfréntate a ese demonio. Pregúntale qué es lo que pretende, negocia con él. Es la única manera que conozco de seguir adelante, o al menos de intentarlo... porque ¿qué es lo peor que te puede pasar?, o mejor dicho, ¿hasta dónde estás dispuesto a sufrir?.
Olaya Turbón.

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