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Camaraderia sana


(Primera parte de dos, no escribe el de siempre. Lo hace la autora de otro Blog, http://palabrasparaali.blogspot.com.es/ en ese lugar estara la segunda parte. Lo único que añade un servidor es la foto del final. Nadie se conforma. Reto superado)


Y ahí me encontraba yo, al otro lado del cristal, llorando las lágrimas más amargas de mi vida por la persona a la que más he querido nunca. Por aquella que me enseñó a amar de verdad, con el corazón. Tenía que esforzarme en recordar  cómo se respiraba, pues debido a mi ataque de angustia no cabía otra información en mi cerebro que no fuese Antonio.

Antonio… ese nombre… era el de la persona que se debatía entre la vida y la muerte en ese preciso instante dentro de aquella habitación del Hospital General. Fue entonces cuando comprendí lo peor que me podía ocurrir en la vida. Esa pesadilla que a veces soñamos y que imploramos al cielo que nunca ocurriese, estaba pasando. ¿Por qué? ¿Por qué a él? Muchas veces pienso que es como la lotería… solo que ésta nunca queremos que toque.  ¿Por qué es tan injusto? ¿Quién puso su nombre en la urna de la lotería? Con lo que habíamos pasado él y yo, y ahora que las cosas empezaban a ir bien… Un momento: ¿Por qué hablo en pasado? “¡¡BASTA!!”-me grité en mi fuero interno. Estaba avergonzada. 

Entonces, me acordé de un papel con unas citas que imprimí un día, y que me encantaba. Leí para distraerme:
Si supiera que hoy iba a ser la última vez que te voy a ver dormir,
te abrazaría fuertemente y rezaría para poder ser el guardián de tu alma.
Si supiera que esta iba a ser  la última vez que te vea salir por la puerta,
te daría un abrazo, un beso y te llamaría de nuevo para darte más.
Si supiera que esta iba a ser la última vez que voy a oír tu voz,
grabaría cada una de tus palabras para poder oírlas una y otra vez indefinidamente.
Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo, diría te quiero y no asumiría tontamente que ya lo sabes.
Siempre hay un mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien,
pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda,
me gustaría decirte cuanto te quiero y que nunca te olvidaré.
El mañana no le está asegurado a nadie, joven o viejo.
Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas.
Por eso no esperes más, hazlo hoy, ya que si el mañana nunca llega, seguramente lamentarás el día que no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso, y que estuviste muy ocupado para concederle a alguien un último deseo.
Mantén a los que amas cerca de ti, diles al oído lo mucho que los necesitas, quiérelos, trátalos bien, toma tiempo para decirles lo siento, perdón, por favor, gracias y todas las palabras de amor que conoces.

No lo pude evitar, empecé a llorar aún más. Tenía toda la razón del mundo. “Él no…” –repetía sin cesar mientras apoyaba mis manos sobre el frío cristal. Por mis mejillas surcaban torrentes de angustia y desolación. Mis piernas temblaban, mi corazón latía tan deprisa que notaba cómo la sangre corría a una velocidad vertiginosa bajo mi piel. Aunque bien sabía que si él me dejaba, que si él se iba de este mundo para siempre, mi corazón, mi alma se iría con él. Sería como un zombi. 

Ira, miedo, pánico, angustia, dolor y un sinfín de preguntas y reproches para mí misma: “No le dijiste suficientemente que le querías” “No pasaste todo el tiempo que podías con él” “Si hubiera podido”… -me repetía una y otra vez. Arrepentimiento… ¿de qué servía en ese momento?

No perdía detalle de lo que ocurría dentro. Los médicos y las enfermeras (entre ellas mi madre) se movilizaban para salvarle la vida. Jeringuillas que ponían a la vía. Pero estaba demasiado débil. Demasiado tiempo luchando contra ‘’el bicho’’ como lo llamaba él. Demasiadas medicinas… demasiado sufrimiento. Era un pulso que estaba echando por su supervivencia. Uno quería lo que el otro poseía. Y, cada vez más claro, estaba ganando la partida el cáncer.



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