Pum, pum. Párpados que suben y telón que se pega al techo. Se acabó el latir.
Muchas veces solo somos conscientes de lo que realmente somos cuando dormimos. La sangre explota dentro del torrente sanguíneo y todo es posible cuando la mente vuela. El problema es la realidad que viene después, el despertar.
Estar encerrados en un escenario impuesto implica la mayor ansiedad que una persona pueda tener. "Tu, aquí, parado, no te subleves" la manifestación de la caída: caen los esbozos de sonrisa, caen los hombros y cae la cabeza, se queda gacha.
Todos necesitamos sentirnos útiles para el resto de las personas y más aún para las especiales. Es un principio básico de la vida y si no tenemos eso no nos queda nada. Normalmente cuando surge un problema se suelen recordar los anteriores y las decisiones que se tomó en su momento.
El problema del término especial radica en una situación excepcional en la que se pueden tomar unas situaciones distintas. Y, a lo que voy, es a la palabra especial que cada vez cuesta más usarla por el compromiso que conlleva y, al final, se acaba repitiendo las situaciones. ¡No hay motivo para que se modifiquen!
Como ahoga la función, que asfixiante es el no entender y que daño ocasiona la irracionalidad. Al final, la gente no entiende por que se prefiere vivir en la oscuridad y es fácil. La oscuridad es estable, no se modifica. La luz es cegadora y ensalza las sombras de los individuos. No hay más.
Mientras, baja otra vez el telón, cae la oscuridad, la última luz de la pantalla que veo no trae nada nuevo, el contrato sigue claro.
Duerme pequeño, juega con las tinieblas, que no te coma la rabia.
Pum, pum, otra vez.
Según lo leo, parece que, o tuviste una mala experiencia que te está afectando en situaciones parecidas, o tienes un problema sin resolver.
ResponderEliminar¿Estoy en lo cierto?
A los problemas les busqué y busco soluciones, anónimo
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