Tenia un bonito texto redactado sobre el tema ilusión para empezar el primer capítulo pero, la madrugada de ayer, me hizo cambiar de idea. Por supuesto ya he indicado la absoluta relevancia de la ilusión como mecha combustible de este concepto que intento explicar pero, para empezar, se necesita, lo más básico, ¡estar bien!
¡Y, joder, válgame dios que llevábamos tiempo viviendo en la más remota inconsciencia, en la más absoluta falta de sabiduría y, lo peor, viviendo la vida que no nos corresponde vivir! Que bien se esta cuando se esta bien, señor. Parece una oda al buenrollismo, a la simpatía por la vida pero realmente es una lección.
Toda la gente que hace de red para la persona que se precipita al vacío, todos aquellos que guardan con anhelo el suspiro cansado de otra persona, esos que pasan la noche en vela cuestionando que razón impide que la felicidad no canalice por las arterias de otro ser, seres que no responden, que no indican y que no sienten, por favor, toda esa gente: contrastar quienes sois, que buscáis y sobre todo, que parte de vuestro bienestar estáis dispuestos a dar sin tener que apostarlo. Nadie se merece vivir en la vida de otra persona sin nada a cambio
Y si la respuesta es negativa, si no renta ser así, si no hay retroalimentación, por favor cambia de chaqueta, modifica ese pensamiento y mírate al espejo: de repente derrocharas la ilusión que necesitas para empezar a sentir algo por alguien. Y ese alguien es uno mismo. Recoge las lágrimas, empapa el puño de la camisa y dispon las bases de esta buena pinta.
Y, por favor, lector, hágame caso por una vez, lector, que lo que le digo es verdad, que no hay como sentirse valorado por uno mismo, que deje quien no le dedique tiempo, exija ser feliz y busque la ilusión en los ojos de los demás, ya que, usted, cada día mas querido y escaso lector, ya puede dar la suya.
Llevo todo el día dándole a la canción: habla de un tipo tímido que ve a alguien y me recuerda a mi. ¡Claro, como no! No todo puede ser estar absolutamente bien, pero, a veces, si, si y resí.
¡Y, joder, válgame dios que llevábamos tiempo viviendo en la más remota inconsciencia, en la más absoluta falta de sabiduría y, lo peor, viviendo la vida que no nos corresponde vivir! Que bien se esta cuando se esta bien, señor. Parece una oda al buenrollismo, a la simpatía por la vida pero realmente es una lección.
Toda la gente que hace de red para la persona que se precipita al vacío, todos aquellos que guardan con anhelo el suspiro cansado de otra persona, esos que pasan la noche en vela cuestionando que razón impide que la felicidad no canalice por las arterias de otro ser, seres que no responden, que no indican y que no sienten, por favor, toda esa gente: contrastar quienes sois, que buscáis y sobre todo, que parte de vuestro bienestar estáis dispuestos a dar sin tener que apostarlo. Nadie se merece vivir en la vida de otra persona sin nada a cambio
Y si la respuesta es negativa, si no renta ser así, si no hay retroalimentación, por favor cambia de chaqueta, modifica ese pensamiento y mírate al espejo: de repente derrocharas la ilusión que necesitas para empezar a sentir algo por alguien. Y ese alguien es uno mismo. Recoge las lágrimas, empapa el puño de la camisa y dispon las bases de esta buena pinta.
Y, por favor, lector, hágame caso por una vez, lector, que lo que le digo es verdad, que no hay como sentirse valorado por uno mismo, que deje quien no le dedique tiempo, exija ser feliz y busque la ilusión en los ojos de los demás, ya que, usted, cada día mas querido y escaso lector, ya puede dar la suya.
Comentarios
Publicar un comentario