Y entre tanta tempestad, la lluvia golpea de forma insistente el haz metálico de la pala y empapa el petate, lleno a rebosar, que con la lluvia y como ella precipita de manera involuntaria su contenido con destino el suelo.
Una duda cae al suelo, se enreda entre los pies y de repente al suelo de bruces. Otra vez, otra vez mas. Aprovechemos minimamente la estancia en suelo, sin lujo y con barro, para coger renovadas fuerzas. Un suspiro alargado, mano sobre el pelo y torcerlo hacia la izquierda (manias varias, no incumben ahora).
Pero a pesar de las caídas y de llevar una gran cantidad de ellas siempre el acto de levantarse es automático. Y, al fin llegamos al destino. No hay lugar mas tétrico que un cementerio y es ese el escogido. Abriendo el petate y depositando la pala. Se extienden sobre el suelo unas cuantas, otras se amontonan.
No queda otra, a coger la pala. Y cavar, abrir socavones en el suelo, grandes, uno por duda. Poner esquelas en cada una de ellas, todas se merecen un recuerdo; unas cuantas flores acompañan a todas ellas, lo repito hasta hartarme, el pasado no condiciona el futuro, de eso se encarga el presente. Silencio sepulcral, a fin de cuentas las dudas estan muertas
Y mientras se esta sentado, se saca la petaca y se espera el momento en el que alguien venga de luto impecable. Pero la realidad es que no, ya lo sabes de antemano. Solo se pasa gente a enterrar. Hasta que un dia empieza una charla con un nuevo enterrador:
Una duda cae al suelo, se enreda entre los pies y de repente al suelo de bruces. Otra vez, otra vez mas. Aprovechemos minimamente la estancia en suelo, sin lujo y con barro, para coger renovadas fuerzas. Un suspiro alargado, mano sobre el pelo y torcerlo hacia la izquierda (manias varias, no incumben ahora).
Pero a pesar de las caídas y de llevar una gran cantidad de ellas siempre el acto de levantarse es automático. Y, al fin llegamos al destino. No hay lugar mas tétrico que un cementerio y es ese el escogido. Abriendo el petate y depositando la pala. Se extienden sobre el suelo unas cuantas, otras se amontonan.
No queda otra, a coger la pala. Y cavar, abrir socavones en el suelo, grandes, uno por duda. Poner esquelas en cada una de ellas, todas se merecen un recuerdo; unas cuantas flores acompañan a todas ellas, lo repito hasta hartarme, el pasado no condiciona el futuro, de eso se encarga el presente. Silencio sepulcral, a fin de cuentas las dudas estan muertas
Y mientras se esta sentado, se saca la petaca y se espera el momento en el que alguien venga de luto impecable. Pero la realidad es que no, ya lo sabes de antemano. Solo se pasa gente a enterrar. Hasta que un dia empieza una charla con un nuevo enterrador:
- No merece la pena tanto esfuerzo. Aqui nunca viene nadie, nunca se dara cuenta de que nuestras dudas vienen provocados de sus errores y, que nuestra manera de intentar que se den por aludidos y modifiquen esos errores en cuestion, es algo, que nunca hacen y nunca haran. Las largas distancias, los pequeños detalles sin dar y el decir que existe una añoranza hacia algo que nunca reclaman. ¿No le vuelve paranoico, no le hace sentir inutil? No me diga que no para de pensar a todas horas ¿Por que?
- Callese, las dudas descansan, fallecidas, deles un buen final. Coja un poco de la petaca, beba y levantese que hay que ser muy valiente para poder dejarlas descansando en calma y aun mas valiente para seguir adelante con la vida. Sonria, ya no llueve, el atardecer es hermoso
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