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Revolución

Esto es la madre de todas las guerras, la rebelión comienza
Soy el jefe de mi propio y minuciosamente escogido ejercito. Soldado por soldado todos disponen de la misma fortaleza y son igual de diestros en el combate. El día de la guerra, el de la batalla final. Nos reunimos todos a capítulo.
Una vez ordenados por sectores y por su disposición táctica dentro del campo de batalla es inevitable pensar durante un momento que van demasiados a la guerra. Por tanto excluyes pelotón en la retaguardia. El pasado se queda fuera de la guerra. Pero aún somos demasiados así que el futuro también se debe de ir fuera. Y los fracasos, desilusiones y un largo etcétera de complicaciones dejan de ocupar los flancos del ataque.
Al final con toda la dinámica de quitar excesos de mi ejercito solo quedo yo a caballo de las dudas, trotando hacia la guerra. Pero, sin embargo a medio camino elijo la opción de ir andando y dejo las dudas perdidas a su merced.
Después de un largo trecho en distancia y tiempo llego andando al lugar y ya esta todo preparado. Un ejercito inmensamente mas grande de lo que deje por el camino contra un unica persona. Todos los cañones apuntando a una persona y dirigidos por el dedo de otra.
Lo que hago es rebuscar entre los bolsos y encuentro lo que quiero. Un sobre cerrado y un cordel que lanzo atado a una piedra a las alturas de su vista y ejercito. El sobre reza por fuera un "para usted, leala en alto". Cuando abre el sobre lo unico que resuena entre todo el ejercito en total silencio es su nitida voz diciendo:

"Atacame. Te quiero"

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