Supongo que es una radicalización. Ser extremadamente sincero convierte a una persona en terriblemente eficiente, útil para el uso instantáneo y demoledora en espacios reducidos. Pero no hay más.Aún sigo siendo yo después de todo. Nunca diré lo que duelen realmente las cosas, lo que quema la sensación de desasosiego, lo que es de verdad el mundo y lo que me parece a mi. Es que yo soy así. Antes, otra vez antes, sólo un par de capas y, ahora, una combinación de razones pensadas, sarcasmo y verdad. Soy una amalgama de las cosas que he aprendido y de las que venían conmigo, así es. Amalgama es una palabra genial, sonora; algo de aquí y algo de allá, un poco de todo y mucho de nada que quiero erradicar, no hay más.
Supongo que eche de menos a mi alter ego, no ahora, en unas semanas, claramente lo haré. Es sencillo: no veo la lógica de lo que me rodea.
Mi ilusión siempre es sincera, esa es mi verdad, y mi error. Y ahí esta una diferencia notoria con respecto al resto. Ese es mi punto débil, algo que no se acaba paliando, recurrente. Y no hay mucho más que decir puesto que esto es un punto de no retorno.
La ilusión que se ve alimentada de una manera infantil acaba siendo contaminada. Eso es la rabia, la sangre corriendo a toda velocidad perdiendo la cabeza. Pero, existe una contra, usarla a tu favor, actuar con rabia.
Definitivamente: la soledad te hace más fuerte pero a mi me da un poder que no se o no quiero usar.
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