¿Nunca os ha pasado que de tanto reflexionar con la almohada al final acabas reposando sobre los brazos de Morfeo? Seguro que si. Pero apuesto que pocos sueñan. Más aún de esta manera
Despiertas recostado en el lecho del amanecer. Con dolor de cabeza por lo mismo de siempre: solucionar el pensar tanto. Cuando te incorporas aparece una persona con andares apurados. Saludas. No hay respuesta. Tocas el hombro. Traspasa la mano. Muy espectral.
Suspiro largo, de los que duelen si se suelta muy rápido y los que sangran con el tiempo si se hacen muy lentos. Hasta que entonces, como si nada, empieza a hablar. Se queja de la vida, insulta esas cuatro palabras de las que va de la mano la preferida de una supuesta utópica persona que menta por no existir en ese momento. Es algo paradójico. Muy absurdo. Me ves, pero no me ves.
Y justo en este punto acaba el sueño. La gente suele discutir después con la almohada, comentando lo que recuerdan del sueño. Yo con la mia me porto bastante mal. La muerdo de rabia y después reposo la cabeza con ganas de algo más
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