"Debe de haber alguien que se empeña en hacer las cosas mas complicadas".
Eso fue lo primero que dijo cuando vio lo que se le avecinaba. Era de noche, una calida noche de verano, de esas en las que el cielo estrellado invitaba a dormir fuera, intentando contar estrellas en el firmamento, mientras una hoguera quemaba sus primeros cartuchos de madera y resplandecia sobre la negrura. Desgraciadamente todo eso carecia de importancia en ese momento. Habia sido un consejo de las amistades, aunque nunca creyo sobre esas cosas, de hecho nunca creera.
-¿Empezamos ya, o acaso perteneces a esa serie de personas que no tienen valor suficiente como para ver su propio futuro?
El futuro, que gracioso, quien se lo iba a creer. Pero de todas las maneras, no habia nada que perder.
- Claro, por supuesto, no tengo nada que temer.
- Eso dicen todos...
”Descarada, quien se piensa que es esta mujer”. Mientras se levantaba lenta, segura de lo que hacia y aviva el fuego. Mientras, al instante, susurra:
- Mira
Era la perspectiva de alguien corriendo, como si estuviera metido dentro de el, con la respiracion acelerada y en carrera. Semaforos en rojo, ruido de coches e insultos de conductores, sube una cuesta y esquiva a la gente, un par de pasos de cebra. Entra por la puerta, una estacion, mira el monitor parpadeando destino, cartel de salida en rojo. Corre, rápido como una centella y llega a destino. "Ahi esta, acaba de pasar al anden". Sigue, mas veloz, necesita impulso. Salta y pasa la maquina corriendo, dos revisores gritan.
Pero cumple su objetivo y la alcanza. Habla entre fatiga, ella calla y el mira, busca respuesta. Ella niega con la cara, dice la verdad con la mirada: "no volvere". Monta en la maquina que transporta su felicidad. Los revisores lo alcanzan, le increpan sus actos. El se disculpa, mientras un pequeño brillo desliza su cara, llora, lagrimas de dolor.
Se desvanece la escena y aparece otra. No se aprecia buen movimiento, rasgos imprecisos, busca asiento. La botella que porta vierte su contenido, manchando la pegatina que reza John. Un cristal en el suelo, ve su reflejo, efectivamente el, sin afeitar, rasgos ajados y salinas deslizandose sobre su cara, otra vez.
- No hay mas que ver. Esto se acaba aqui, no hay nada que hacer, absolutamente nada
El en silencio, descansa, mide emociones e intanta calibrar su respuesta. De pronto sonrie, rie a carcajadas, llora de felicidad provocada por tanta risa.
Mientras ella gritaba de que se reia con semejante desfachatez, indignada, pero intrigada.
- ¿Crees que pasará esto? ¿O piensas que tendre miedo? No hay posibilidad alguna, ni de broma
- ¡Es tu futuro! Va a pasar, es irrevocable
Vuelve a reir
- No hay problema, lo cambiare. Aunque no sea asi, no habra problema tampoco.
Miedosa solo preguntaba el por que de que no tuviera miedo.
- ¿Miedo? Siendo el presente tal y como es ahora. Y, aunque pase esto que dices... Esos revisores son demasiado lentos, me iria con ella
Fran Barrio
Eso fue lo primero que dijo cuando vio lo que se le avecinaba. Era de noche, una calida noche de verano, de esas en las que el cielo estrellado invitaba a dormir fuera, intentando contar estrellas en el firmamento, mientras una hoguera quemaba sus primeros cartuchos de madera y resplandecia sobre la negrura. Desgraciadamente todo eso carecia de importancia en ese momento. Habia sido un consejo de las amistades, aunque nunca creyo sobre esas cosas, de hecho nunca creera.
-¿Empezamos ya, o acaso perteneces a esa serie de personas que no tienen valor suficiente como para ver su propio futuro?
El futuro, que gracioso, quien se lo iba a creer. Pero de todas las maneras, no habia nada que perder.
- Claro, por supuesto, no tengo nada que temer.
- Eso dicen todos...
”Descarada, quien se piensa que es esta mujer”. Mientras se levantaba lenta, segura de lo que hacia y aviva el fuego. Mientras, al instante, susurra:
- Mira
Era la perspectiva de alguien corriendo, como si estuviera metido dentro de el, con la respiracion acelerada y en carrera. Semaforos en rojo, ruido de coches e insultos de conductores, sube una cuesta y esquiva a la gente, un par de pasos de cebra. Entra por la puerta, una estacion, mira el monitor parpadeando destino, cartel de salida en rojo. Corre, rápido como una centella y llega a destino. "Ahi esta, acaba de pasar al anden". Sigue, mas veloz, necesita impulso. Salta y pasa la maquina corriendo, dos revisores gritan.
Pero cumple su objetivo y la alcanza. Habla entre fatiga, ella calla y el mira, busca respuesta. Ella niega con la cara, dice la verdad con la mirada: "no volvere". Monta en la maquina que transporta su felicidad. Los revisores lo alcanzan, le increpan sus actos. El se disculpa, mientras un pequeño brillo desliza su cara, llora, lagrimas de dolor.
Se desvanece la escena y aparece otra. No se aprecia buen movimiento, rasgos imprecisos, busca asiento. La botella que porta vierte su contenido, manchando la pegatina que reza John. Un cristal en el suelo, ve su reflejo, efectivamente el, sin afeitar, rasgos ajados y salinas deslizandose sobre su cara, otra vez.
- No hay mas que ver. Esto se acaba aqui, no hay nada que hacer, absolutamente nada
El en silencio, descansa, mide emociones e intanta calibrar su respuesta. De pronto sonrie, rie a carcajadas, llora de felicidad provocada por tanta risa.
Mientras ella gritaba de que se reia con semejante desfachatez, indignada, pero intrigada.
- ¿Crees que pasará esto? ¿O piensas que tendre miedo? No hay posibilidad alguna, ni de broma
- ¡Es tu futuro! Va a pasar, es irrevocable
Vuelve a reir
- No hay problema, lo cambiare. Aunque no sea asi, no habra problema tampoco.
Miedosa solo preguntaba el por que de que no tuviera miedo.
- ¿Miedo? Siendo el presente tal y como es ahora. Y, aunque pase esto que dices... Esos revisores son demasiado lentos, me iria con ella
Fran Barrio
Comentarios
Publicar un comentario