De mártires hay cementerios llenos y repletos, acumulados unos encima de otros. No quiero ser uno de ellos. Siempre me conforme con vivir a la sombra y mi meta, como la del grupo, es ser un heroe del silencio.
Concretamente de los tuyos; saber en cada segundo lo que piensas, no necesito palabras. Los silencios dicen todo lo que se quiere saber, siempre necesito práctica. Odio esos que significan una vuelta de espalda, un hoy no, otro dia; rodeos y ningún destino.
Los incómodos son los que llevo viendo demasiado tiempo, los recuerdo uno a uno desde aquel arrebato. Son cosas de la vida, ciclos que cuentas como una charla ya pasada delante de otros mientras el sujeto en cuestión rebosa lagrimas en los ojos. Se preocupan por ti, día tras día, no hay ni una quebrantación en su protección.
Es así de duro contarlo. Recuerdo esa historia, una fiesta descontrolada, yo no estoy, nunca estare. La mia viene más tarde. Pero nunca vino, nunca jamás. Ojala te hubieras dado cuenta, pero lo hiciste para el resto, te esforzaste por todos, nunca por mi. Cualquier cosa, soy el promocionador oficial del detalle, lo repito cada segundo, pero no, no paso.
Así que cuando veo una pizarra que me recuerda una fecha por favor, no me pidas que no sienta presión el pecho y que no se me caiga alguna lagrima deslizando la mejilla, porque si no vendrán un millon y después otro de ellos, hasta que no pueda parar y salga a la calle cuando llueva, en mangas de camisa y sin paraguas, helandome y empapandome lentamente hasta que recupere mi propio control del sollozo y respire hondo para acabar en un suspiro, vuelta a empezar.
Para entonces no parare de escuchar que los niños grandes no lloran, que tienen que ser valientes y luchar contra todo. También se mojan y pasan frio.
Concretamente de los tuyos; saber en cada segundo lo que piensas, no necesito palabras. Los silencios dicen todo lo que se quiere saber, siempre necesito práctica. Odio esos que significan una vuelta de espalda, un hoy no, otro dia; rodeos y ningún destino.
Los incómodos son los que llevo viendo demasiado tiempo, los recuerdo uno a uno desde aquel arrebato. Son cosas de la vida, ciclos que cuentas como una charla ya pasada delante de otros mientras el sujeto en cuestión rebosa lagrimas en los ojos. Se preocupan por ti, día tras día, no hay ni una quebrantación en su protección.
Es así de duro contarlo. Recuerdo esa historia, una fiesta descontrolada, yo no estoy, nunca estare. La mia viene más tarde. Pero nunca vino, nunca jamás. Ojala te hubieras dado cuenta, pero lo hiciste para el resto, te esforzaste por todos, nunca por mi. Cualquier cosa, soy el promocionador oficial del detalle, lo repito cada segundo, pero no, no paso.
Así que cuando veo una pizarra que me recuerda una fecha por favor, no me pidas que no sienta presión el pecho y que no se me caiga alguna lagrima deslizando la mejilla, porque si no vendrán un millon y después otro de ellos, hasta que no pueda parar y salga a la calle cuando llueva, en mangas de camisa y sin paraguas, helandome y empapandome lentamente hasta que recupere mi propio control del sollozo y respire hondo para acabar en un suspiro, vuelta a empezar.
Para entonces no parare de escuchar que los niños grandes no lloran, que tienen que ser valientes y luchar contra todo. También se mojan y pasan frio.
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