Ir al contenido principal

El día que la mujer me descubrió mi miedo

Nadie lograra entenderte. Decir lo contrario conmigo sería un insulto ciertamente. Es como la gente que piensa que te hablo despectivamente cuando me refiero a ti como: "la mujer". A mi me gusta definirlo como una mención, un rango de importancia. Dubitare si me preguntas si es un piropo.
Lo juro, no soy ningún cobarde. Eso explica algún que otro corte, magulladuras y rasguños varios a nivel externo. Sea todo dicho de paso, una estocada en el pecho sin motivo de replica, a veces, si se sabe como interpretar seria la solución perfecta.
Recuerdo el día que hablaba a un grupo de imberbes y agudas personas en cuanto a tono vocal. Tu jugabas con el pelo lentamente mientras te apoyabas en el alféizar de mi imaginación. Y creeme, eso es mucho más alto de lo que puedes llegar a pensar. Yo preguntaba alegremente que era eso de miedo y quien lo llegaría a tener. Tu reías inocentemente y ellos te señalaban primero a ti y después a mi. Nunca lo entendí.
Maldigo el día que me enseñaste a tener miedo. Desde entonces le tengo pavor a las maletas, al olor a tinta impresa y a la lluvia de invierno que se precipita sin sentido. Encima el único agua con sal que cae resuena a kilómetros.
Mientras tanto el despertador suena como cada mañana y aún se atisban tímidos rayos de sol. Siempre dije que tendriamos que controlar el miedo pero, ciertamente, ahora mismo pienso que nunca lo hare.
Detras del miedo esta el estímulo que lo provoca; portando equipaje de mano. Maldita Adler, me tomaste la medida.
Diario para Irene Adler, la mujer (parte II)


Comentarios

Entradas populares de este blog

Diario

Día 0 Supongo, que me he dejado dos kilos de coraje, manchados de humo y sal, encima del mantel, pegadito al cenicero y he estado algo ausente estos días. Por ahí podríamos justificar mis buenas maneras de limpiar la casa ya que, la sinceridad, deja un gotelé terrible por las paredes y, el mantel, parece que habla con el resto de utensilios de la casa, y, estos a la vez con la casa, rechinando maderas, haciendo notar su presencia en tan ardua confesión, impactada, como tú. ¡Y tú, que sobredosis de mí!. He vuelto a la etapa de autoconocimiento de golpe, delante de ti. Dentro de mí, apuñalando el manual de cordura; hay cosas que no contaba con dejar puestas en el mantel y, por eso, pasada una hora todavía no me he movido la silla, racaneando un cigarro detrás de otro, buscando algo de paz y reverberando mis palabras en mi cabeza. Fumar parece un alivio por la capacidad de reducir el estrés que tiene pero, en realidad, cada cigarro únicamente te prepara para el otro, justo el objetivo de ...

"Empatitis"

Ojalá existiera un diccionario con todas las palabras que me he inventado a lo largo de mi vida. Y ojalá alguien fuera con una grabadora todo el tiempo detrás de mi para que me hiciera cargo de todas las cosas que digo. Sobre todo las barbaridades, lo que digo sin pensar, así podría poner en orden de una vez toda la agenda de pensamientos,