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La persona cuyo nombre no se puede gritar y que llamaremos "Irene Adler, la mujer"

Hay tres tipos de personas: las que pasan de dar el paso, las que no pasan de dar el paso y las que, en el momento de darlo, se sitúan al borde del precipicio e hincan los talones para quedarse entre medias de estas dos. Atendiendo a como ha sido explicado sabrán quienes son y, puestos a indagar, quien soy
Claro, todo esto viene dado por la persona que llamaremos la mujer. Lo considero un título, una distinción de la máxima calificación y que otorga un rango de locura superior. De hecho definirlo así es una aproximación absolutamente remota.
Claro, imagíneme con el palacio fetiche teñido absolutamente de gala. La alfombra colocada para el desfile y tu aún sin venir. La última vez que hablo alguien de ti, decían que no parabas de mencionar el mismo nombre con distinto apellido. También decían que eras absolutamente incapaz de asociarme con tus deseos.
Finalmente, me quedo claro que solo podía susurrar tu nombre sin que nadie me oyera, al menos de momento. Vendí mi palacio y también la alfombra. Los malvendí al primero que paso. Ahora estoy mas centrado en vivir pegado a este acantilado que huele a mar.
Hacia tiempo que no recordaba que estaba exactamente vivo y, me dio por escribir una especie de diario. Mientras tanto lanzo bengalas al aire y mando señales de humo que nunca llegan a ningún sitio. Solo hay que recordar al resto que sigues ligeramente vivo.
Arriesgate a romper un espejo, detrás solía estar yo
Diario para Irene Adler "la mujer" 

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