Hoy. Hoy sin ir más lejos deje de ver. Y por hoy entiendo el día que corresponda el haber sido el hoy de hace un tiempo. Me desperté por la mañana, levante la persiana y me cegó la realidad.Todos esos rayos atraviesan la retina, aún no me sangran los ojos, al menos eso creo. De momento, por desgracia, voy completamente a tientas buscando algún estímulo que me lleve hacia alguna verdad. Recuerdo mi buena vista con añoranza. Esa que no me falla.
Solo me queda guiarme con el resto de los sentidos. Después de unos cuantos golpes contra las puertas por fin me acostumbre a mi nuevo hábito y, de paso, encontré un nuevo estímulo. No supe exactamente que era. Tocando deduje que era una persona, por su gesto torcido tal vez una sin alma. Un mero ente corpóreo si se le pudiera llamar así.
El olor es insuperable. Es uno de estos que se aloja en un lugar más recóndito de tu cabeza y no se va jamas. De esos que te despierta, entre noches, juguetón, buscándote las cosquillas. Reconozco que me enamore suspirando.
Pero aún así escuchaba atentamente lo que decías. Contradicciones, una tras otra y, sobre todo silencios. Hablas poco, tremendamente escaso para una persona que escucha. Yo solo quebré uno de tus silencios con un grito de impotencia, y, al final te marchaste.
Se me escapo uno de los más extraños y sinsentido "te quiero" que había dicho nunca. Te asuste, demasiado. Ahora si que estaba claro quien eras. Pero no como eras, ni como debía sentirme. Al final me acabe replanteando mi única frase.
Siempre me quede con la duda de si habría algo detrás de ti. Alguien que te hubiera condicionado a ser como eres. Tal vez falle en mi diagnóstico. Tal vez no. Quien sabe, seguía ciego como para saber si lloraba o si sangraba.
Nunca entendí la razón por la que firmaste la foto que tengo en la altura y que no veas las bengalas que tiro en la noche oscura. De momento solo suena música
Solo me queda guiarme con el resto de los sentidos. Después de unos cuantos golpes contra las puertas por fin me acostumbre a mi nuevo hábito y, de paso, encontré un nuevo estímulo. No supe exactamente que era. Tocando deduje que era una persona, por su gesto torcido tal vez una sin alma. Un mero ente corpóreo si se le pudiera llamar así.
El olor es insuperable. Es uno de estos que se aloja en un lugar más recóndito de tu cabeza y no se va jamas. De esos que te despierta, entre noches, juguetón, buscándote las cosquillas. Reconozco que me enamore suspirando.
Pero aún así escuchaba atentamente lo que decías. Contradicciones, una tras otra y, sobre todo silencios. Hablas poco, tremendamente escaso para una persona que escucha. Yo solo quebré uno de tus silencios con un grito de impotencia, y, al final te marchaste.
Se me escapo uno de los más extraños y sinsentido "te quiero" que había dicho nunca. Te asuste, demasiado. Ahora si que estaba claro quien eras. Pero no como eras, ni como debía sentirme. Al final me acabe replanteando mi única frase.
Siempre me quede con la duda de si habría algo detrás de ti. Alguien que te hubiera condicionado a ser como eres. Tal vez falle en mi diagnóstico. Tal vez no. Quien sabe, seguía ciego como para saber si lloraba o si sangraba.
Nunca entendí la razón por la que firmaste la foto que tengo en la altura y que no veas las bengalas que tiro en la noche oscura. De momento solo suena música
Diario para Irene Adler, la mujer (Primer Anexo)
Comentarios
Publicar un comentario