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La carta del silencio

Siempre se debe buscar el chispazo extra. Esa es la razón por la que tarde más de la cuenta en escribir cuando digo que lo voy a hacer (vale, suena a excusa, pero es verdad). Vamos a lo importante
No se puede vivir sin ilusión, eso tiene que ser la tónica (con un toque azul, mejor) a seguir. Ya, ya lo sé. El pasado (y el presente. Y el futuro. Y otra vuelta al pasado) siempre anda por ahí suelto campando a sus anchas el muy desvergonzado. Y cada día que te levantas te roba un poquito más de ilusión (y cada día que pasa sonríes menos, aunque no lo notes)
Un día, irremediablemente, después de tanto hurto, pierdes todas tu esperanzas. ¿Sabes? Me parece cínico creer en miles de dioses, centrarme en religiones de todos los aspectos y no creer en mi (empezar la casa por... cabezazos por ejemplo) y en los que me rodean.
Pero de momento (como siempre) me fui por las ramas, y no doy ninguna solución para la ilusión pérdida. No es tan complicado, creeme  Cree en ti (vamos, ya es tarde y se que tienes unos molares preciosos cuando sonríes)
Yo vivo con mi pasado (y le doy la mano en los pasos de cebra para que nadie lo atropelle y vaya seguro) siempre, y de él aprendo. Y si algo se por encima de todo es lo siguiente:
Se que la vida es una (palabra malsonante relacionada con algo malo y normalmente acompañada de otra peor) pero soy lo suficiente escéptico como para no creermelo y es más modificarlo para que cada momento sea maravilloso.
(Y si, efectivamente: ahora es cuando sonries)

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